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Sarrera
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Prentsa Txurruka ya me impresionó en aquel Tour de Francia. Parece un jilguerito y ataca un día sí y otro también. Posee tal alegría que engancha. He conocido corredores que incordiaban, pero cedían en cuanto llegaban a la cabeza. Amets se filtra en las fugas, aguanta, insiste, pelea por los puntos de la montaña, se va solo, resiste... Y cuando ataca lo hace de verdad. No encuentro a nadie con quien compararle. El difunto Santesteban era un corredor de mucho pundonor, una locomotora cuando arrancaba. Pero su complexión física no tenía nada que ver con la de Amets…
…En el kilómetro 99 en Meagas los
tres primeros tenían 1,22 sobre los otros siete y 5,04 al
pelotón. En el 116 en Ventas de Orio la ventaja era sólo de
2,25 fundamentalmente porque Euskaltel tiró fuerte del
pelotón, aunque también los tres pararon un poco para
esperar a los otros siete. Luego Radio Shack y Caisse
tiraron y la ventaja se mantuvo hasta el minuto con el que
se afrontó el primer repecho de Aia.
Allí Txurruka demostró que tenía
piernas para ganar la etapa al quedarse solo en cabeza y
coronar con 33 segundos sobre Joaquim y 1.01 con el primer
grupo. Si hubiera tenido el margen que se perdió entre
Zarautz e Igeldo, habría tomado más precauciones en la
bajada. Pero estaba justo, tomó una curva mal y allí perdió
la etapa y quizás la montaña…
(Gara 10/04/10)
No hay mayor impotencia que ver a
un corredor al que admiras perder la posibilidad de ganar
una carrera por culpa de una caída. Es cierto que en el
ciclismo puede suceder cualquier cosa y que hasta cruzar la
línea de meta la carrera no ha terminado. Ayer, mientras
dábamos en directo el transcurrir de la etapa en sus
kilómetros finales, tuvimos la desagradable necesidad de
contar la caída de Amets siendo cabeza de carrera. Si algo
tiene este corredor es correa y valentía. Pero, sobre todo,
se ha ganado el cariño de todos los aficionados gracias a su
combatividad. Día tras día, erre que erre, sigue demostrando
que está capacitado para poder optar a la victoria incluso
en carreras de primer nivel. Ahora que el ciclismo es
negocio puro y venta de producto, no dudarán de que este
tipo de corredor es rentable ya que es noticia prácticamente
a diario. Ayer su sueño terminó con una clavícula rota,
desagradable final que, pese a no ser nada extremadamente
grave, rompe literalmente con la ilusión y el sueño de un
corredor por conseguir una victoria de prestigio, dónde y en
casa.
No hay día en el que no ataque. No
hay día en el que saque a relucir su perseverancia. Si
alguna vez ha existido peligro de extinción de este tipo de
corredor, Txurruka se encarga por sí solo de conservar esa
especie, la de los luchadores, la de los ciclistas que nunca
miran hacia atrás. Ni cuando se caen. Ayer, pese a besar el
suelo en una curva, dio una lección de pundonor para llegar
a meta.
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